La manera en la que hablamos a los niños, será lo que mas adelante se convierta en su voz interior. La manera de hablarnos a nosotros mismos repercute directamente en nuestra autoestima y estado de animo. Si mi lenguaje y discurso se centra en los negativo, así será mi vivencia emocional.
Esto hace que sea muy importante estar atentos a la manera en la que hablamos y tratamos a los pequeños que tenemos alrededor. La infancia es la etapa donde se crean las bases, los cimientos de una sana autoestima.
Una buena dosis de autoestima es uno de los recursos más valiosos de que puede disponer un niño/a o adolescente. Una persona con autoestima aprende más eficazmente, desarrolla relaciones mucho más gratas, está más capacitado/a para aprovechar las oportunidades que se le presenten y ser autosuficiente.
Pautas para favorecer la autoestima:
- Permitir la independencia. que sean capaces de tomar decisiones y tener responsabilidades acordes a su edad: elegir su ropa, elegir un juguete o su actividades etc… cuando premiamos o reforzamos una conducta que han elegido, aumentamos su sensación de capacidad y valía personal.
- Valorar sus aportaciones y comentarios. Escuchar sus preguntas y resolver sus dudas, dando valor a sus pensamientos.
- Reforzar todo lo que se le de bien , sin esperar a conductas o resultados extraordinarios. Estar atentos a actividades cotidianas como hacer los deberes, recoger sus juguetes o ayudar a un amigo y/o hermano. Al reforzar es muy importante olvidarse de los PEROS. «Que bien has recogido tus juguetes, pero tienes los deberes sin hacer» Si hacemos esto el refuerzo verbal se convierte en castigo.
- Olvidar las críticas, los reproches o acusaciones. Si queremos cuidar su autoestima corregimos sus conductas pero NUNCA calificamos a la persona. «Eres un desastre» » Eres malo». Lo correcto sería «Tienes tu habitación hecha un desastre» » Hoy te has portado mal».
- Enseñar que los errores son parte del proceso de aprendizaje y que poco a poco si no se rinde lo irá haciendo mejor. De esta manera premiamos el esfuerzo y el trabajo en lugar de premiar resultados.
- Conviene olvidarse de las comparaciones con otros niños y sobre todo entre hermanos. La comparación no motiva al cambios, todo lo contrario, paraliza haciendo que el comportamiento que pretendíamos eliminar se mantenga.